Se intentó detectar cuál había sido la causa de obstrucción del bebedero. Las tuberías eran transparentes, por lo que permitían el paso de la luz, lo cual favorecía el crecimiento de algas en su interior. Las algas acumuladas permitieron el desprendimiento de pequeños fragmentos que provocaron la obstrucción (fotos 5 y 6).
Una de las ovejas más perjudicadas por la anemia y con peor estado físico murió una semana después de generarse el problema. En la necropsia se observó: ictericia generalizada, pleuritis fibrinosa, focos de neumonía con necrosis y petequias por dentro de la cavidad torácica. Los nódulos linfáticos mediastínicos y mesentéricos se encontraban aumentados de tamaño y mostraban un aspecto carnoso. El hígado presentaba mal aspecto, con nódulos (posiblemente neoplásicos), esteatosis y vesícula biliar aumentada de tamaño. Los riñones tenían una coloración oscura en todo el grosor de la corteza debida a una nefrosis hemoglobinúrica como consecuencia de una hemoglobinemia (foto 7). Por último, las articulaciones se encontraban inflamadas y con un contenido sanguinolento. Por tanto, el animal presentaba otras patologías graves que contribuyeron a su muerte, pero fue la anemia hemolítica la causante del final del proceso.
Pudimos deducir que la debilidad de algunas de las ovejas del lote, unida a la jerarquía que se establece habitualmente entre ellas, ocasionó que sólo las más fuertes y dominantes pudieran acceder al hilillo de agua que proporcionaba el bebedero. De ese modo, en las ovejas más desfavorecidas se desencadenó este proceso patológico que concluyó con la muerte de uno de los animales.
La anemia hemolítica por excesivo consumo de agua no es un hecho habitual y se puede evitar permitiendo el acceso al agua de los animales sedientos de una forma gradual. En condiciones de estabulación, las ovejas deben de tener libre acceso al agua limpia de manera permanente.