¿Qué haría si después de haber establecido el diagnóstico que considera definitivo y haber aplicado el tratamiento correspondiente, el problema no se resuelve?

 

Análisis de las causas que pueden llevar a errores en el diagnóstico.

 

Ante esta situación decidimos volver al principio, realizando una historia clínica más meticulosa y siguiendo punto por punto  todos los pasos del protocolo diagnóstico.

Al revisar la historia, detectamos que, si bien la paciente vivía sola prácticamente todo el año, en ocasiones convivía con otro gato  que se quedaba durante los fines de semanas en la misma casa. Por tanto, no se había hecho un examen exhaustivo respecto al control de pulgas (congéneres temporales), y era muy probable que la gata padeciese una hipersensibilidad por picaduras de pulga.

 

Analizando y revisando los pasos dados desde el principio encontramos los siguientes errores, no considerados en la historia inicial (ver texto Rev. DAPP en gatos):

 

  • No haber realizado una encuesta suficientemente minuciosa, por lo que no pudimos detectar que, en realidad, la paciente si convivía con otra mascota, aunque no fuese de forma permanente.
  • No haber comprobado que el otro gato no recibía control antiparasitario externo, por lo que se convertía en portador de huevos y larvas que incrementaban la concentración alergénica ambiental para nuestro paciente alérgico.
  • Haber menospreciado la importancia de un estricto control de parásitos externos (ciclo de las pulgas especialmente) al considerar que la aplicación de fipronil (efecto adulticida principalmente) era suficiente para garantizar un control preventivo parasicológico. Cuando sabemos que, independientemente de que el paciente alérgico conviva con otras mascotas (lo cual incrementa la densidad de infestación por formas inmaduras), los mismos propietario pueden actuar de vehiculo de infestación a través de calcetines, zapatos…etc.
  • No haber insistido en la frecuencia de aplicación de los tratamientos para el control de parásitos externos.

     

    Tras este análisis se retiró la terapia con  ciclosporina y se aplicó un control antiparasitario con adulticidas  y ovicidas/larvicidas (fipronil+metoprene) en nuestro paciente y en el entorno (piretroides + metoprene).

    Las lesiones mejoraron significativamente y en seis meses llegaron a desaparecer (Fig. 6). Al cabo de un año de control, la paciente seguía sin recaídas de las lesiones.