La sanguijuela parasita a los mamíferos, pero no es normal encontrar en la bibliografía ataques masivos en un corto espacio de tiempo, como en este caso, que afectó, con sintomatología aparente, hasta un 7% del rebaño.

Las sanguijuelas se desplazan en el agua mediante movimientos ondulantes y detectan los movimientos de sombras, que asocian a la presencia de una posible fuente de alimentación. Una vez en el mamífero se desplazan mediante las ventosas, aproximándolas y volviéndolas a separar, a modo de pasos, hasta fijarse en algún punto de la boca (generalmente debajo de la lengua) o llegar a las fosas nasales. Entre las ventosas posee tres placas, a modo de dientes, con los que muerde a sus víctimas para alimentarse con su sangre. El parásito realiza una incisión en forma de Y e inyecta una sustancia anestésica para que no se detecte ni moleste su presencia, además, desde su buche aporta hirudina, una potente sustancia anticoagulante, que le permite mantener sangrante la herida mientras se alimenta. Su alimentación dura 20-40 minutos y consigue obtener hasta 10-15 ml de sangre, aumentando hasta 10-11 veces su tamaño.